¿Se puede hacer poesía con un helicóptero pintado de verde? Eso es lo primero que se me pasó por la cabeza cuando se encendieron las luces y me quedé sentado en la butaca. Creo que Iñarritu lo consigue en esta película de vidas cruzadas (todo un subgénero a estas alturas) y finales trágicos.

Tampoco pude evitar reflexionar que a estas alturas no hay dios que pueda hacer nada nuevo y original. La increíble capacidad de comunicación que ha conseguido el género humano y la ingente cantidad de material producido en todos los géneros creativos (no voy a decir artísticos, palabra que cada vez me da más repelús) que amenaza con aplastarnos han hecho de esta época la era del collage, el pastiche, el sampling y los homenajes honestos y deshonestos. A estas alturas sólo pido que lo que sea esté bien hecho. La originalidad por sí misma me parece un lastre.

Esta película la hemos visto más veces, pero cuando está tan bien rodada, escrita, interpretada. Cuando las vivencias (no voy a decir historias) de los personajes nos sobrecogen. Cuando la película resulta tan impredecible y extraña como la propia vida, cuando el director consigue manejar el tiempo cinematográfico con tal maestría... la flecha da en el blanco, y salimos del cine pensando: merece la pena que se sigan haciendo películas.

Un gran aplauso para todos los que han hecho ésta, y mucha atención al plano final: otro poema visual.